DOS AÑOS

Basándonos en lo evidente, dos años son 24 meses, unas 96 semanas, 730 días, o incluso podría decir que dos años son aproximadamente 17.520 horas. Dos años son todo eso si somos únicamente científicos y pensamos con el hemisferio izquierdo del cerebro.

Pero dicho espacio temporal pude tener un valor distinto. Por ejemplo, para un niño con esa edad, dos años son toda una vida, y sin embargo, para un hombre que se jubiló hace veinte y que desde entonces no ha hecho más que sentarse en su sofá y ver la televisión, dos años son tan solo un pellizco miserable de una existencia monótona y homogénea que pronto legará a su fin. Para un forofo del fútbol, dos años son la mitad del tiempo que queda para el próximo mundial. Por otro lado, para un estudiante de medicina dos años son solo un tercio de toda su vida universitaria, y significa que solo (si es positivo) o todavía (si es negativo) le quedan cuatro años de estudios y exámenes. En otro caso, que a un enfermo terminal le digan que le quedan dos años de vida puede ser mucho más de lo que se esperaba y quizá hasta se sienta feliz por ello. Los dos años que llevas con tu pareja pueden serlo todo, hasta que se acaben y no lleguen a ser nada más que dos simples años.

En definitiva, dos años pueden ser muchas cosas distintas dependiendo del momento y la situación. Y en mi caso particular, a mí me quedan dos años, solo dos años para saltar de la cima a la que estoy llegando para caer y empezar a escalar otra montaña más alta y con más nieve. Y sinceramente no sé qué sentir, porque tengo vértigo. Al mirar hacia arriba de la próxima montaña me mareo, pero a la vez me entra un cosquilleo por saber qué me encontraré y por ser consciente de que en el próximo ascenso no tendré ataduras y podré expandir mis alas, o al menos eso espero... Lo que quiero decir con esto es que el tiempo puede no ser matemático siempre, que mis dos años a mí me parecen poco, pero que a ti te pueden parecer suficientes, o incluso otra persona que se base en lo evidente podría decir que dos años son 24 meses, 96 semanas, 730 días o 17.520 horas...

NÚMEROS.

Dicen que el número prohibido es el 666, que el de la mala suerte es el trece. Dicen también que ser un segundón es algo fatal, que hablando de notas el diez es lo mejor y que en las competiciones el único número que tiene que estar en nuestra mente es el uno. Que los cuarenta son de crisis y que el veintiuno es un siglo de mejora. Dicen que el cero nos tiene que dar miedo ya que es la nada. Que el infinito es inalcanzable pero que existe. Asimismo, dicen que el que tiene millones es afortunado pero que con cuatro amigos verdaderos te vale. Dicen que hay que ser uno, pero luego te obligan a tener dos caras para complacer. Que la curiosidad mató al gato, pero que no importa porque tiene siete vidas. Que a la tercera va la vencida, pero a la de dos se cansan de intentarlo. Que cuatro ojos ven más que dos, pero luego lo usan como insulto. Dicen que quien te pone a cien es la persona, pero ponen el límite en noventa. Que no le busquemos tres pies al gato, pero no comprueban si el gato está cojo. Dicen también que la vida son dos días durante 48 horas, y cuando dejan de decirlo ya es tarde. Se dice que a quien roba a un ladrón, cien años de perdón, y de ahí lo de matar al asesino. Y por último, dicen que cuando los números hablan, se acaban las discusiones, pero no se dan cuenta de que están hablando solos y que cero personas les escuchan.

SOLEDAD, COMO CADA VIERNES

Y como siempre, al igual que cada viernes sobre la misma hora, ella estaba allí, con su cazadora vaquera cuatro tallas más grande, sus auriculares azules en los oídos y algún cantante como Melendi o Funambulista sonando... Sentada en su banco como tantos otros días, era el sitio perfecto para pensar.

Ese día, y al contrario que el viernes anterior, no llovía, no había posible nube que dejase caer una sola gota de agua, ni en el cielo, ni en sus ojos. Esta vez, como era habitual en ella, escribía sobre lo que fuese que le pasara por la cabeza en aquel momento.

Aquel viernes un grupo de chavales celebraban el final de la selectividad comiendo y riendo en unas mesas de aquel mismo parque, bajando la cuesta y cruzando el riachuelo, allí estaban ellos. Les acompañaban dos perros no muy grandes, uno de color canela y el otro estilo 101 dálmatas. Además de aquellos adolescentes casi adultos, numerosas personas con sus respectivos perros cruzaban el parque de un lado a otro. Y al contrario que todo el mundo en ese lugar, ella ni celebraba, ni paseaba perros, ella sólo pensaba y, a veces, escribía. Le gustaba estar sola, pero sólo en momentos controlados. Lo que no le gustaba era la soledad obligada, la sensación de no tener a nadie a su lado, ese tipo de soledad no. Ella prefería apartarse voluntariamente del mundo y de su vida durante alguna que otra hora, y sólo en aquel banco ella tenía esa soledad que tanto le gustaba...

TÓXICOS

"Todos los venenos son igual de malos, por mucho que unos sean más dulces y otros más amargos" - El Chojin

Lo dice el Chojin, y que razón... Distintos tipos de venenos, algunos parecen no ser dañinos pero sin duda esos son los peores, creer ser feliz y necesitar de algo como placebo aún sabiendo que no te conviene, aún sabiendo que lo que necesitas te hace daño y que realmente serías feliz sin necesitar nada o incluso necesitando otra cosa menos perjudicial, pero habiendo probado eso una vez, quieres más y más y no sabes como o qué hacer para deshacerte de esa necesidad que te hace mal, para conseguir que desaparezca eso que te va matando poco a poco por dentro. Lo malo es que quizá por fuera no tengas ni una sola marca del dolor que te provoca, y justo por eso nadie podrá ayudarte, porque además de todo eso, no quieres contarlo, por miedo, por vergüenza, a ser juzgado, a que se rían de ti, o que nadie tenga el valor de ayudarte a vencer esa necesidad que te come y te destruye por dentro, ya que sabes que no te conviene y que te daña... Y no, no hablo de la droga, hablo de las relaciones tóxicas...

"Todo deseo estancado es un veneno" - André Maurois

              

FOTOS

Foto, imagen, píxeles, colores, luces, sensaciones, momentos, recuerdos... Hay muchas maneras de definir o describir estos archivos producidos por una cámara fotográfica, pero creo que la mejor manera de hacerlo viene de la gran mente de este fotógrafo, film maker, creador de contenido audiovisual, youtuber, o como le quieras llamar... Pero ante todo, viene de la mente de esta increíble persona:


             


RAÍCES

Es curioso... Todo lo que nos rodea lo hemos hecho nosotros, es artificial y, sin embargo, nos parece algo normal, como si todas esas cosas llevasen ahí toda la vida, puede que toda nuestra vida sí, pero no toda la vida de la vida. Ni siquiera los árboles que hemos plantado son naturales, porque natural solo es algo que ha nacido ahí por su cuenta, sin ayuda, y cuando a querido o podido, por esa razón ninguno de nosotros somos "naturales", porque nadie ha elegido nacer en el momento en que lo ha hecho, ni en la situación en que le ha tocado. Eso simplemente pasa, y te guste o no, hay que soportarlo. Pero al igual que el árbol no elige dónde están sus raíces, si puede decidir hacia dónde quiere crecer, y eso es precisamente lo que deberíamos de hacer cada uno de nosotros, nuestros primeros pasos son obligados, pero a partir de ahí, cada uno podemos decidir hacia dónde queremos caminar.